TRES FANTASMAS
Relato finalista del III Concurso del Escritor de Substack
La Navidad es ese filtro que suaviza las aristas del mundo y desenfoca la verdad, todos parecen menos solos, menos feos, menos ellos. Yo, Clara, la que ya no compra regalos, ni espera milagros, celebraba las fiestas desde la otra orilla, desde el calor azul de la pantalla, envuelta en el glow difuso de la lámpara del escritorio y el runrún de la nevera, que rumiaba recuerdos antiguos. Había hecho de la distancia un refugio sereno. Mi madre me enviaba renos animados y mi hermano, fotos de platos de marisco que parecían postales. Yo los dejaba en visto, cerrando despacio una puerta para que nadie me despertara.
Aquella noche, la primera en cruzar el umbral fue @Yester_Deisy. Traía consigo una sonrisa latina y perfecta.
- ¿Te acuerdas de esto?
Me vi bajo un árbol, con las rodillas manchadas de mercromina, gorro rojo y la risa puesta de bufanda. Entonces la Navidad cabía en una caja de zapatos, olía a azúcar y a promesas. Mi madre desafinaba villancicos, mi hermano hacía carreras con coches teledirigidos y las manos se cruzaban sobre la mesa para atrapar el último trozo de turrón de chocolate. Era una versión de mí que no necesitaba mirarse desde fuera.
-Antes estabas -dijo @Yester_Deisy-. Ahora sólo miras.
La escena se deshizo con el gesto habitual del dedo y el presente entró de golpe. @Paula4ever ocupó la pantalla, firme en su sitio, desplazando el mío. Su voz vibraba en un rincón conocido, la nostalgia alojada detrás del pecho.
-Hay escenas que sigues pasando de largo.
Después llegó el futuro, sin música. Mi nombre, borrándose. Una mesa donde se habla de mí como se nombra la lluvia, en pasado, con resignación. Las fotos de renos fueron quedando en silencio, las de marisco, desterradas. Nadie preguntaba ya, nadie me esperaba.
-Aquí ya no hace falta narrarte -dijo Paula-. Has dejado de ser materia.
La casa dormía cuando apareció la última. El móvil, saturado, iluminó la habitación con un resplandor glacial. @Nada. Sin rostro, sin biografía. Ningún recuerdo. Mostró una mesa, una silla, un espejo incapaz de devolver imagen. Los años por venir, silenciosos y clausurados. Ninguna notificación, ningún reclamo. El ghosting era tan perfecto que ya no se percibía.
La imagen se disipó. Desperté con el corazón golpeando la ventana y la pantalla negra entre las manos. Ya no era una imagen borrándose, sino un cuerpo que pesaba en la cama. En lugar de un texto, grabé un mensaje de voz, el sonido de mi propia respiración mezclado con un simple “estoy yendo”. Escucharme, real y temblorosa, me hizo dudar de si eso alcanzaba para dejar de ser fantasma. Me puse el abrigo y salí. La calle era luz y aliento, la vida colándose por el cuello del abrigo.
Esa noche hice fotos con risas y familia. Todas desenfocadas. Al llegar a casa no subí ninguna historia. Busqué a @Yester_Deisy, a @Paula4ever, a @Nada. No quedaba huella.
Los fantasmas, imagino, sólo aparecen para recordarte qué luz aún puede encenderse.



Enhorabuena por ser finalista con tu tres fantasmas se nota mucha sensibilidad y nostalgia pero acaba con una inyección de música q te hace saltar de alegría.Enhorabuena👏👏👏🤩
Un relato muy hermoso sobre el desapego y las redes sociales. Sientes con tus palabras la sociedad de autómatas que estamos creando... Como siempre, un relato precioso con el que pensar. Un abrazo fuerte Anabel 😘